"Ser víctima del desplazamiento forzado es  más que perder una tierra,  

es  más que perder unos bienes, es una tragedia tan profunda, 

que entra al alma humana y la afecta para siempre"

 

"La Casa Tomada", es una referencia directa al cuento de Julio Cortázar que lleva el mismo nombre. Y donde algo o alguien se apodera de la casa sin más remedio que la resignación de los moradores. Esta vez la realidad ilustra la ficción. La serie fotográfica retrata en sus antiguos hogares a familias que atrapadas en medio de un conflicto armado fueron desplazadas de un modo forzoso en el año 2000. Situado en el norte de Colombia Mampujan es hoy un pueblo deshabitado envuelto en la vegetación. Los habitantes de esta comunidad, azotada por la violencia paramilitar, habían perdido sus hogares pero, según ellos, un milagro de Dios evitó que fueran asesinados. Luego de una inmersión profunda en la memoria colectiva e individual de los habitantes, hallamos crudos testimonios donde la vida se sobrepuso a la tragedia. Un caso extraño en el común denominador de la violencia paramilitar colombiana.​

Estas personas no huyen del pasado, prefieren usarlo como un reflejo donde pueden ver lo que eran, pero no para paralizarse en lo que fueron, sino para avivar lo que pueden ser. Es precisamente esta muestra de vitalidad la que confiere un lenguaje inusual a este documento de denuncia. Mampujan, fundado en 1882 y sostenido por 1500 personas, es el vivo ejemplo de las penalidades que muchos colombianos deben enfrentar y, como bien lo dicen ellos, es difícil que los demás comprendan que: "Nuestros ancestros africanos fueron desplazados de su tierra por la esclavitud, nuestros padres fueron desplazados por la guerra bipartidista, nosotros fuimos desplazados por la guerra paramilitar. ¿Quién desplazará a nuestros hijos?". 

 

La serie nació como resultado de una búsqueda a través de varios departamentos y municipios afectados por la violencia paramilitar y el conflicto armado. Durante tres años de investigación nos encontramos con muchos pueblos abandonados. Incontables son las historias que estos pueblos fantasmas y sus ex moradores tienen por contar, sin embargo, decidimos concentrarnos en los dos acontecimientos que parecían ser los que reclamaban mayor atención: El Desplazamiento Forzoso Y La Desaparición Forzada.

Centrados en la presente propuesta, es decir, nuestra visión del desplazamiento forzado, vale la pena señalar que el desafío, desde el punto de vista de la fotografía documental, fue profundo debido a la respuesta, generalizada y no-natural, de rechazo o indiferencia hacia estas realidades por parte de la sociedad. Esto fue fundamental a la hora de la creación de la obra ya que nos vimos obligados a replantear el modo de visibilizar el problema de manera que el espectador percibiera el daño que este delito de lesa humanidad causa en las personas y su comunidad.

Después de fotografiar casas en ruinas y pensar en esa otra manera de contar la historia estábamos muy cerca de entrar en el mundo del fotomontaje cuando apareció Mampujan y nos devolvió al universo del fotodocumental. Este municipio, fundado en 1882, fue elegido por su riqueza visual y por la vigente necesidad, de sus antiguos pobladores, de narrar el testimonio de su despojo. Nos entrevistamos con varias familias y dentro del proceso de inmersión seleccionamos a un grupo de personas que arrojó un patrón común: el desplazamiento referido desde la casa tomada por el miedo,  los recuerdos y sueños inconclusos.

En la medida que fuimos profundizando en el diálogo se pudo constatar que el fenómeno del desplazamiento ha estado presente desde antes de la formación de nuestra historia como colonia española hasta los actuales 206 años de independencia. Los fundadores de Mampujan eran descendientes directos de los esclavos que fueron trasplantados por los traficantes de humanos a un nuevo mundo donde la maldición de perder la tierra los acompañaría a lo largo de su historia. En el siglo XX la violencia bipartidista los despojó de sus terrenos una vez más, y cuando ya habían recuperado sus vidas, una nueva generación sufriría los rigores de la violencia paramilitar cuando "el Bloque Héroes De María" de las AUC expulsa a por lo menos 1500 personas de sus casas. A inicios de un nuevo siglo la historia puede repetirse. La sombra de los megaproyectos que involucra la producción de biocombustible tiene en la mira las tierras de las gentes de Mampujan. La incertidumbre parece amenazar la relativa paz que han construido mientras se aferran a una esperanza de retorno.

El 10 de Marzo del 2010 varias de estas personas pisaron el antiguo pueblo, por primera vez en una década, enfrentando el miedo a la violencia de la zona.  Estas fotos muestran a algunas de estas personas en el lugar donde construyeron historias personales y familiares que fueron reemplazadas por la maleza y el abandono. Los recuerdos rebotan en lo que quedan de las habitaciones.

La comunidad se ha vuelto famosa por la manera como las mujeres, guiadas por Juana Ruiz 'Premio Nacional de Paz 2016", han elaborado varias estrategias culturales para superar el trauma vivido y expresar a través de tapices o telares sus experiencias de vida. Cuando conversamos con ellos encontramos que sus reflexiones sobre el desplazamiento van ligadas a su proceso de sanación. Estas personas no huyen del pasado, prefieren usarlo como un reflejo donde pueden ver lo que eran, pero no para paralizarse en lo que fueron, sino para avivar lo que pueden ser.

Presentamos estas fotografías como homenaje a estas personas que hacen de una tragedia un punto de apoyo para crecer y esperamos con sinceridad que al exponer estas fotografías ayudemos a su causa tanto como ellos nos ayudaron a concretar un trabajo de autor del cual nos sentimos orgullosos. Desde el punto de vista de la estética  podemos decir que buscamos desenmascarar la realidad mediática que se ha expuesto sobre los desplazados. Encontrar un espacio de reflexión donde se aprecie por un momento ciertos vestigios del contexto social que escapan al momento de la toma (de ahí la importancia de los pie de fotos unidos a la lectura visual). Esta conjunción de elementos hacen que la evocación se transforme en una memoria histórica que  suscite  un espíritu de respeto y compromiso hacia las precarias condiciones de vida y olvido de los sujetos víctimas del desplazamiento.

Cierto es que el hecho de mostrar a los protagonistas en sus antiguas viviendas, motiva a que los recuerdos se vuelvan evidentes en los rostros de los personajes y den un giro importante a la narración. La verdad es que la naturaleza del abandono, la incertidumbre y demás emociones son conflictos escurridizos de fotografiar ya que dependen del estado de ánimo de los protagonistas y la paciencia del fotógrafo para atraparlas en una imagen.

Para concluir afirmamos que la experiencia fue enriquecedora, ellos volvieron a la casa tomada y nosotros estuvimos allí como testigos de un sublime momento. Basta con recordar que existen cerca de 26 millones de personas desplazadas en el mundo de los cuales cuatro millones viven en Colombia y muy pocos pueden siquiera volver a las ruinas de lo que fue su antiguo hogar. Estos documentos visuales son testimonio de una realidad que no debe repetirse. 

Textos: José Luis Rodríguez M. / Andrés Calderón.